CARTA DE DESPEDIDA

Me tomó mucho tiempo tener el valor de escribir este texto, me tomó mucho tiempo encontrar las palabras correctas, encontrar la calma y serenidad necesarias para expresar un poco de lo que siento. Creo que tu siempre lo supiste, que yo suspiraba por ti, cada día esperaba con ansias verte de nuevo, ver tu rostro, verte a ti y aunque nunca te lo dije y lo pensé muchas veces, eres asombroso, con todo y tus arrebatos, tu mal carácter que en ocasiones me molestaba, tu manía de siempre llevarme la contraria. En fin, tantas cosas que te hacen y te hacían en ese momento ser tú, tener esa magia que solo se encuentra dentro de ti. Pusiste mi mundo de cabeza, marcaste un antes y un después en mi vida, llegaste una tarde de julio cuando salíamos del colegio, cuando solo era una niña y no entendía muchas cosas de la vida. Con el tiempo fui creciendo, madurando y aprendiendo, aprendiendo muchas cosas que hoy en día me caracterizan y muchas de ellas son gracias a ti. Fuiste durante años lo que siempre había esperado, lo que siempre soñé. Eras mi fuente de alegría, amaba tu entusiasmo, las ganas que le ponías a todo, el empeño con el que siempre luchabas. Nunca te lo dije, pero me enamoré de ti, me enamoré de tu interior, de tus gestos, la manera en la que me mirabas, la manera en la que me hacías sentir; me hacías sentir tanto en un segundo, sentía en mi interior una chispa que solo puedo y pude experimentar contigo. Tal vez nunca te lo confesé por tonta o cobarde, por orgullo. Nunca te confesé que jamás te dejé de querer, que aunque me volví dura, tal vez un poco cortante y sin sentimientos como alguna vez me lo dijiste, mi amor seguía tan intacto como siempre, por eso nunca me aleje, por eso siempre estuve ahí, aunque no lo notaras, aunque no te escribiera o, aunque no te llamara. Siempre estuve ahí, pensando en cómo estabas, si comías bien o no, si estabas con alguien o no, si preguntabas por mí o tal vez, si en la universidad todo iba bien. En este punto pensarás que es mentira, que todo esto lo escribo por completar un párrafo de este escrito, pero no. Muchas veces supe cosas e inmediatamente, sabiendo el carriño que mis padres tienen hacia ti, les pedía que te llamaran, que intentaran preguntarte como estabas y en que podíamos ayudar. Tú nunca lo supiste y tal vez fue mi culpa, tal vez en este momento no estemos juntos por mí. Pero las cosas de Dios son tan perfectas que nos llenan de aprendizaje y bendiciones con el pasar del tiempo. Se muy bien que yo elegí dejarte ir, pero mi intención nunca fue que nos separáramos por completo, tan solo quiero que entiendas y me entiendas a mí, entiendas lo que hice y porque lo hice. Creo que en este punto somos conscientes de que las cosas no estaban bien, de que nuestra relación no estaba siendo sana en ese preciso momento y por más amor que existiera, había cosas que no generaban tranquilidad. Quiero que sepas que si tomé esa decisión fue para en algún momento volver a ti, porque lo sentía, porque sentía que ese era nuestro destino, porque sentía que había entre los dos, ese llamado hilo rojo que nos unía, que estábamos destinados a estar juntos. El día que te fuiste mataste algo de mí, los dos cometimos errores y no me puedes culpar a mi por esto, porque muchas veces quise volver, pero pasaban cosas que precisamente no están en mí. Quiero que sepas que fuiste la lección más preciosa, pero también una de las más dolorosas. Quiero que sepas que te he escrito durante días mensajes que no leerás, he intentado buscarte para explicarte mis motivos, porque nunca supe hablar, nunca supe decir las cosas, siempre estuve muy mal por todo lo que sentí que nuestra relación rompió. Tal vez jamás leas esto, o tal vez jamás sepas que lo escribí, pero esta es la carta de despedida que siempre quise hacerte, pero que no hice. O al menos, que jamás te entregué. Nunca sabré que piensas, nunca sabré cuál es tu opinión, nunca sabre si entiendas mis motivos y entiendas que quizás fue el destino, la vida o la suerte que te trajo a mí las que hicieron que me olvidaras y formaras una nueva vida. De cualquier manera, dejaste algo en mí que será por siempre inolvidable y estoy segura de que yo también dejé una marca en ti. Sé que no te dije tantas cosas, sé que te dije muchas que no sentí y me arrepiento, por no decir las cosas en su momento, pero no de la decisión que tomé por nuestro aprendizaje y crecimiento para en algún momento estar juntos. Algo que tu no entendiste y siempre me recriminaste. Nunca olvides, que el amor tan intenso, sincero y puro que vivimos jamás se podrá borrar, ni de mi mente, ni de la tuya. Por que sé que soy tu primer amor y tu eres el mío. Por siempre y para siempre, marcados de locuras y anécdotas que solo se viven una vez y con una persona que lo vale todo. Independientemente de lo que haya pasado en nuestras vidas, siempre desearé para ti felicidad porque fuiste, eres y serás una parte importante de mi vida y nunca te olvidaré. Te amo por siempre y para siempre.

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