Tardes en el andén
Sentada en aquel andén a las afueras de mi casa, recordé el preciso momento cuando en mi niñez solía sentarme con mi vecino, el viejo Simón, a jugar. Nuestro juego consistía en contar cuantos carros se movilizaban por la carretera central y de esa manera, ver cuáles tendrían el mismo color. Tanta ilusión me hacía sentarme a jugar con aquel viejo mientras mi madre trabajaba o mientras junto a ella, jugábamos a ver cuál era el color ganador en aquella tarde. Que bonita y tranquila era la vida antes, ¿no?,donde solíamos ser felices por tan poco y con tan poco. Alcanzar lo que considerabamos felicidad se nos hacia más sencillo, los problemas no los entendíamos, todo lo tomabamos con más clama y las responsabilidades eran menores. Y ¿ahora?. El corre corre del trabajo, las preocupaciones por mantener una familia, por encontrar estabilidad, amor y paz. La zozobra de saber si estamos haciendo lo correcto o no, si nuestra vida está por el camino adecuado. ¿Estamos en crisis?, ¿que nos pasa?...